jueves, mayo 26, 2011

Hoka Hey

viernes, enero 28, 2011

Placer retardado.

Con mucha meticulosidad fue alargando el momento, con la certeza de que el placer sería mayor. Recordó el instante cuando por primera vez retardó voluntariamente el paso para llegar al baño, ese baño lejano, en aquella casa agrandada por la nostalgia, que era la casa de su abuela. Cuando por fin llegó, con el dolor ansioso de su cuerpo, el líquido dorado brotó en un torrente eufórico, agradecido de la liberación postergada. Placeres ocultos y raramente comentados, placeres íntimos que nunca se había planteado compartir.

Sí un acto tan natural como desechar la orina, tenía que ser ocultado, ¿Por qué compartir su emoción de haber alcanzado el poder? Estaba seguro de que podía al fin acercarse al placer de ser temido. Y a nadie se lo diría. En el fondo, sentía la misma vergüenza que cuando hablaba de orinar. De repente pensó que nunca lo diría, pero:
¡Cómo le gustaría regresar a la infancia!, -dueño como estaba de esa seguridad que nunca había tenido- y enfrentar, seguro de la victoria, a todos aquellos monstruosos niños que se agigantaban en sus pesadillas, en la misma casa agrandada por la nostalgia donde el placer de retardar la orina había tenido lugar.

Esa casa atemorizante en la que prefería caminar por los pasillos fríos y obscuros, en la noche plagada de espíritus en los que nunca había creído, en lugar de los pasillos espaciosos y soleados de la escuela habitada por amenazas reales y dolorosas.

En esa casa que todos temían, él podía pasar la noche con la cabeza vuelta hacia el cielo estrellado, con los pies descalzos sobre las losas de mosaico helado, protegido por la soledad inmensa. Todo, con tal de evitar las pesadillas de los sucesos vividos en las escuela, acrecentados en las noches de angustia. Cómo le hubiera gustado poder alargar para siempre la noche protectora, evitando con insomnios infinitos la posibilidad de amanecer un nuevo día y ver materializadas sus pesadillas, también habitadas con niños crueles como la lejana escuela soleada.

Lentamente abrió la puerta de su nueva oficina, cerró las cortinas, saboreó el instante y comenzó a llamar a los niños gigantes que nunca habían crecido.

martes, enero 25, 2011

Relato cortito

Volvió la cabeza por un instante, el tiempo suficiente para sentirse culpable de hacerlo, otra vez observar el pasado. Resonaban en su interior las palabras del terapeuta motivándolo a vivir el presente y mantener el optimismo de la vida, la depresión, había dicho, es el reflejo de vivir en el pasado. Un pasado que nunca fue presente, un pasado que nunca había disfrutado, hasta que el recuerdo nostálgico del entorno, era la única manera de sentirse vivo. ¡Qué difícil era, primero aceptarlo! Ya ni siquiera cabía la posibilidad de pensar en un cambio, no le creía nada a un sujeto que se limitaba a escuchar. De repente pensó que su vida en general, era patética, hasta el punto de tener que pagar a alguien para que lo escuchara, era tan despreciable como la prostitución que nunca consideró utilizar. Siguió caminando más enojado que deprimido, y de repente sonrió, estaba funcionando, definitivamente funcionaba, estaba viviendo el presente. Volteó la cabeza y se detuvo, el sol terminaba su viaje del día y el cielo se regodeaba con colores inimaginables y cambiantes, el inmenso árbol de la plaza, soportaba alegre la visita tumultuosa de pájaros ruidosos y el por fin los escuchaba sin nostalgia.

martes, enero 18, 2011

"El poder del mito"

Joseph Campbell:
Son historias sobre la sabiduría de la vida, y lo son de verdad. Lo que aprendemos en nuestras escuelas no es la sabiduría de la vida. Aprendemos tecnologías, recibimos información. Entre el profesorado existe hoy una inquietante negativa a enseñar a los alumnos los valores de la vida relacionados con las asignaturas. En nuestras ciencias de hoy (y esto incluye a la antropología, la lingüística, el estudio de las religiones, etc.) hay una tendencia a la especialización. Y cuando ves todo lo que tiene que saber un especialista para ser un buen especialista, puedes entender esta tendencia. Para estudiar budismo, por ejemplo, tienes que acceder no sólo a todas las lenguas europeas en las que se ha expuesto la materia oriental, particularmente francés, alemán, inglés e italiano, sino también sánscrito, chino, japonés, tibetano y varias más. Solamente eso ya es una tarea tremenda. Un especialista así no puede empezar a interrogarse además sobre las diferencias entre el iroqués y el algonquino.
La especialización tiende a limitar el campo de problemas de los que se ocupa el especialista. Sin embargo, la persona que no es un especialista, sino un generalista como yo, se ocupa de una cosa que ha aprendido de un especialista, de otra cosa que ha aprendido de otro especialista, y ninguno de los dos ha considerado el problema de por qué esto ocurre aquí y también allí. Así es como el generalista (y entre académicos éste es un término peyorativo) pasa a un espectro de problemas distintos que son más humanos, podría decirse que específicamente culturales.

viernes, enero 14, 2011

Crónica de un adiós postergado.

Por fin llegó a mí la sensación de despedida contundente. No bastó el mensaje anticipado del corazón en plena madrugada, seguido por la confirmación del celular, no bastó mi tranquilidad, ni mi acto de chamanismo unas horas antes, no bastaron tampoco las miradas de mis tíos y de mis primos que nunca veía para confirmar lo trascendente del momento. Ni la comprobación vívida de la rigidez de un cuerpo frágil, que unas pocas horas antes todavía vi luchando por vivir. Ni siquiera el momento culminante de leer una vez más ante un ataúd solemne con la emoción contenida en la garganta.

Tuvo que pasar el tiempo.

Se ha ido. La casa de mi infancia lo confirma. El lugar donde viví y soñé por treinta años, ahora luce polvoso, y el eco de las habitaciones vacías produce un frío físico y emocional. Es la sensación clara y sin vueltas, de que no tendré un lugar físico para recordar, ya no más. Debo confiar en mi memoria.
Se ha ido, y tardaron en llegar los recuerdos amables y las sonrisas, que cuando llegaron, son sin duda más, y más bonitas que los sufrimientos y los dolores contemplados.

Hace tan poco que la casa se lleno de flores blancas, hace tan poco que el silencio de la habitación vacía tranquiliza los corazones alerta de mi madre, de mi hermana y de mi padre.

Qué las lecciones que teníamos que aprender nos lleguen a todos. Que los sufrimientos actuales de unos y otros encuentren un espacio de reflexión y descanso, y que la poesía que nunca te dije, te llegué también a todos los lugares y a todos los corazones de los que nunca te irás, porque llegaste a ellos para siempre.


Cumpleaños 101.
Hoy pensé en mí
Egoísta la forma de recordarte
Desperté
Inundado de angustia
sintiendo que era yo el que cumplía 101 años
Y seguía
¿Vivo?
Inundado de angustia
desbordado de miedo
de un miedo terrible de seguir
sentado
sólo sentado
solo sentado
y viviendo.
Es egoísta mí miedo.
¿Ya lo dije?
Porque es un miedo mío
Que quiero imaginar en ti
Y me avergüenzo
Porque no puedo saber si estas angustiada
y lo presiento
o si el tiempo que pasas sentada
no es el mismo que mi tiempo
que adivino angustiado en tu encierro
y sólo lo siento
O quizá,
y lo quiero
sigas despertando con cientos de aves
que han velado tu sueño,
aves que cantan, en la paz infinita
de la espera, sin prisas
en la posición serena, natural
de la vela de cera, que se consume digna.
Oj alá
veas sus colores ahora
despojados todos
de los días de duelo
de los días de llanto
no a través del vidrio que acrecienta tu mirada ausente
sino
de la paz
que al tocarme me devuelves
que adivines sus cantos
que no escuches llantos
que sólo sean felices, días de tus cumpleaños.

Escrito desde La Plata, mi segunda casa. 1 de julio de 2010
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